Carnaval de Riosucio

El Carnaval de Riosucio es una de las fiestas por excelencia de Colombia reconocido en el 2006 bien de interés cultural e inmaterial de la nación por el Ministerio de Cultura, gracias al conjunto de expresiones y valores que conserva en lo histórico, lo artístico y lo musical.

Rico en manifestaciones artísticas, atrae un considerable número de visitantes nacionales y extranjeros. Es una fiesta llena de alegría, humor y diversión. En el año de 1915 se adoptó la figura del diablo como la efigie de la festividad.

La celebración del Carnaval le ha dado reconocimiento nacional e internacional a Riosucio. Es valorada como una celebración auténtica, popular y que representa claramente el origen multiétnico del pueblo colombiano.

Otro atributo que se le otorga al Carnaval de Riosucio, es el de ser la fiesta con mayor duración del mundo, ya que contando desde su etapa de preparación y lectura del decreto de instalación, hasta la quema del diablo y lectura del testamento, transcurren seis meses.

Historia

El Carnaval de Riosucio, es una fiesta tradicional que tiene raíces profundas en los grupos humanos que han habitado la localidad, principalmente en los pueblos índigenas, quienes a pesar de su espíritu aguerrido, sufrieron el proceso de aculturamiento que trajo la conquista española.

Orígenes

Los pueblos de Quiebralomo y La Montaña, fueron fundadores de las tierras riosuceñas durante el siglo XVI. Aunque vecinos, se consideraban enemigos mortales, por razones de territorio y raza. Dichos rencores fueron heredados de la Conquista y la Colonia, cuando la historia relata la aguerrida lucha entre la raza indígena y blanca. La primera en defensa de la tierra, las costumbres, los recursos y el cáracter y la segunda, representada en los españoles, quienes deseaban imponer sus formas, su religión y su gobierno, con menosprecio por la cultura indígena.

Quiebralomo, en donde eran predominante era de blancos y mulatos, conservaba ancestros europeos, con celebraciones de carnavales con grandes regocijos y amplias libertadades sexuales, justo antes de la cuaresma.

De donde proviene la denominación de carnaval, que viene de “carne”, liberación de la carne antes de la penitencia, (aún persisten este tipo de fiestas en Venecia, Niza y Ámsterdam).

Al otro lado, en La Montaña, donde la principal mezcla era entre indígenas y mestizos, los rituales giraban alrededor de la chicha, bebida tradicional indígena.

Las fiestas duraban hasta tres días con derroche de licor y belicosidad. Así mismo adorando divinidades feroces, de donde el español fray Pedro Simón, aseveró que los indígenas adoraban al diablo.

Unión de dos pueblos

En 1819, los pueblos se unieron,  gracias a la mediación de los sacerdotes de ambos bandos, José Ramón Bueno y José Bonafont, párrocos de los Templos de San Lorenzo y La Candeleria.

Sin embargo decidieron mantener una cerca  de madera como separador. Cada grupo consolidó su plaza principal, su templo y continuó su vida cotidiana durante 20 años con esta división.

Ante la situación, desarrollaron una gran capacidad para la sátira, ya que en los días de mercado se lanzaban gritos y puyas a través de la cerca. En 1846 la cerca desapareció y las tradiciones y fiestas debieron articularse.

Nació entonces el Carnaval de Riosucio, una fiesta que reúne al diablo, la chicha, los disfraces, la crítica social, la danza, la alegría y la fraternidad. Recogiendo elementos indígenas, africanos, españoles y mestizos.

Épocas del Carnaval

La primera época del Carnaval, entre 1846 y 1880, es conocida como la etapa de Matachines. Se celebraba alrededor de los aguinaldos y los Santos Inocentes. Se presentaban decretos en prosa, se organizaban cuadrillas, alboradas con orquestas locales, disfraces de diablos y se hacía el entierro del calabazo (recipiente que contiene la chicha).

Entre 1880 y 1892 la fiesta se degeneró, algunas personas disfrazadas lanzaban huevos podridos a los transeúntes. En 1892 resurgió y hacia 1904, después de la guerra de los Mil Días, se inició una época de oro para el Carnaval. Los dos grupos estaban completamente integrados y se dio vida a la actual estructura de la festividad.

La gran efigie del diablo, que hace un ingreso triunfal a la fiesta y es quemado para darle final, surgió en 1915, haciendo referencia a los ídolos indígenas y a los mitos del cristianismo español.

Símbolos

El Carnaval está lleno de símbolos y representaciones mágicas, llenas de contenido social y cultural.

El más conocido es el diablo, figura que en la fiesta no tiene referencia religiosa ni anticristiana. Fue heredado de la cultura aborigen, que encontraba en su presencia un sentimiento de alegría. El diablo es inspirador tanto para la composición de versos y música, como para los asistentes que se preparan para el disfrute. Se le engrandece un espíritu bueno y el ser custodio de la armonía en la fiesta.

Las cuadrillas, son organizaciones sociales de amigos o familiares, que comparten la alegría y la identidad de la fiesta y que se unen para promover ideas sobre la sociedad. Las cuadrillas son una representación hecha con personajes, disfraces y acompañados por composiciones musicales, que presentan temas de actualidad con picardía, ironía y gracia, obra que cambia en cada versión del carnaval.

Las cuadrillas recorren el pueblo en un desfile, se presentan en el proscenio y van de casa en casa, donde son atendidos por los dueños, para disfrutar popularmente de su espectáculo. 

La liturgía matachinesca, como es llamada por los riosuceños, consiste en la institucionalización de varios símbolos. El himno del carnaval, con música y letra de Simeón Satacoloma en 1913, es repetido en cada versión con gran reverencia.

La bandera del carnaval, suma tres franjas, una de color blanco que representa la paz, el verde que homenajea La Montaña y el amarillo que representa el oro de Quiebralomo y se suma la imagen del diablo. Corona el asta una china que en lugar de herir con una lanza, se agita para avivar el fuego de la alegría y del arte.

También son importantes el guarapo, una chicha fuerte de caña de azúcar, que embriaga y proviene de la cultura indígena.

Las chirimías, conjuntos musicales compuestos por dos flautas traversas hechas de madera, un bombo, un redoblante y unas maracas. Son los mejores acompañantes de los desfiles del carnaval.

Finalmente, la culebra pirotécnica, que una vez se enciende, estalla sucesivamente, anunciando el poder y la presencia del diablo.

Jerarquías

Existe una República del Carnaval, que consiste en una parodia de gobierno soberano, con Presidente, Alcalde y demás funcionarios, leyes propias que ordenan paz, fraternidad y alegría, a través de decretos, convites, saludos y testamentos.

Alcalde del Carnaval: encargado de defender y mantener la autenticidad de la fiesta.

Matachín: sacerdote de la fiesta con funciones de poeta, actor y organizador. El título lo confiere espontáneamente el pueblo, sólo a quienes destacan durante años por su participación. Estos personajes visten disfraces coloridos y se encargan de aportar creatividad al carnaval. Ellos elaboran prosas y versos, organizan comparsas y dirigen cuadrillas.

Decretero: matachín que escribe decretos y/o los lee ante el público.

Abanderado: portador único de la bandera del Carnaval, que encabeza los desfiles ondeándola.

Estructura carnavalesca

El Carvanal está organizado en tres partes. La primera, denominada de preparación, inicia seis meses antes de la fiesta central. Mes a mes se presentan decretos, que son escritos públicos en los cuales se hace ironía, burla, sacarmo, puyas y chistes, sobre los mismos pobladores y las situaciones cotidianas.

El objetivo es hermanar al pueblo, para que el diablo, cuando haga su entrada triunfal, encuentre una comunidad unida, alegre y dispuesta a disfrutar de la festividad en armonía.

En la preparación tambien se realiza un convite. Se trata de un sainete que se presenta un mes antes de iniciar la semana del carnaval. En esta representación teatral se incita al pueblo a estar listo para la celebración y se exponen los problemas cotidianos de la gente.

El segundo momento, es la consumación del rito. Se da la primera semana de enero, de viernes a miércoles, siempre alrededor del 6 de enero. Inicia el sábado con la entrada de su majestad el diablo, quien se entroniza y toma posesión de la fiesta. Se vive un gran desfile y día de cuadrillas, donde los grupos se disfrazan y cantan textos dedicados al pueblo y al diablo.

El tercer momento es la conclusión de la fiesta que se hace con la lectura del Testamento del Diablo y entierro del calabazo y quema del diablo. Para darle fin a una semana de jolgorio, uno de los matachines hace un resumen de lo visto en el carnaval y entrega al pueblo la herencia.

Después se quema la efigie del diablo y se renuncia a los efectos del guarapo con el entierro del calabazo (recipiente usado para la fermentación de este licor artesanal). El pueblo regresa a su rutina, durante otros dos años, convencido de que el diablo no muere, que su reinado no ha terminado y sólo se le ha conjurado al destierro para que regrese en dos años a presidir el próximo carnaval.